Cómo criar bettas: del nido de burbujas a los alevines

Ver a un macho betta soplar su nido de burbujas y luego cuidar de sus crías es una de esas estampas que te enganchan a esta afición.
Y aunque suene a cosa de expertos con años de experiencia, criarlos en casa está mucho más a tu alcance de lo que imaginas, así que relájate.
Si tu primera camada no sale como esperabas, no pasa nada: hasta los criadores veteranos fallan varios intentos antes de dar con el suyo.
🐟 Prepara la pareja y el acuario antes de criar
La cría empieza mucho antes de juntar a los peces.
Un macho y una hembra bien alimentados y en forma lo tienen mucho más fácil para que la puesta salga adelante.
A esta fase se le llama acondicionamiento, y es la que más gente se salta.
Durante una o dos semanas conviene separar a los dos reproductores, pero manteniéndolos a la vista uno del otro.
Un cristal de por medio, o un recipiente transparente dentro del acuario, basta para que se vean sin poder tocarse ni hacerse daño.
🔎 Cómo elegir el macho y la hembra
Busca ejemplares jóvenes pero adultos, sin señales de enfermedad ni aletas dañadas.
Un macho sano se muestra activo, con colores intensos, y en cuanto ve a la hembra empieza a exhibirse abriendo branquias y aletas para parecer más grande.

La hembra lista para criar cambia de aspecto: se le marca el vientre redondeado por los huevos y aparecen unas rayas verticales en el cuerpo, señal de que acepta al macho.

Muchas muestran también un puntito blanco cerca del vientre, el ovopositor, otro aviso de que está a punto.
Señales de que están listos: el macho sano exhibe branquias y aletas ante la hembra; ella muestra rayas verticales, el vientre cargado y un puntito blanco, el ovopositor.
🍽️ Acondiciona con comida de calidad
Nada prepara mejor a una pareja que una dieta rica en proteína.
En estos días olvídate del pienso seco a secas y ofrece alimento vivo o congelado: larva roja, artemia, dafnia.
Es lo que dispara la producción de huevos en la hembra y la energía del macho.
Dales de comer varias veces al día en poca cantidad, siempre retirando lo que sobre.
Una hembra bien acondicionada llega a la puesta cargada de huevos, y eso se traduce en más alevines y en una madre con reservas para aguantar el desgaste.

Acondicionamiento: durante una o dos semanas, alimento vivo o congelado (larva roja, artemia, dafnia) varias veces al día y en poca cantidad. Retira siempre lo que sobre.
💧 El acuario de cría ideal
Para criar no sirve cualquier tanque. Lo mejor es un acuario pequeño y de poca altura, de unos 15 o 20 litros, con el nivel de agua bajo, apenas 12 o 15 centímetros.

Así los alevines recién nacidos no gastan fuerzas para subir a la superficie a respirar.
La temperatura manda: mantén el agua entre 26 y 28 grados, estable, con un calentador.
El calor acelera la construcción del nido y anima al macho.
Un agua fría o con vaivenes frena el cortejo y estropea la puesta antes de empezar.
Nada de corrientes fuertes. El filtro potente deshace el nido de burbujas en un momento y agota a los alevines.
Si usas filtración, que sea muy suave, tipo esponja al mínimo, o directamente apágala esos días y compénsalo con cambios de agua pequeños.
Añade un par de detalles que le encantan al macho: plantas flotantes y una hoja de almendro indio.

Las plantas dan cobertura a la hembra para esconderse del acoso, y la hoja de catappa suelta taninos que calman a los peces y protegen las mucosas de los pequeños.
Consejo del acuarista: coloca un vaso de plástico cortado o media hoja flotante en una esquina tranquila. El macho tiende a construir el nido justo debajo, y a ti te resulta muchísimo más fácil vigilar la puesta sin molestarlo.
El proceso de cría paso a paso
El nido de burbujas
El betta pertenece a los peces de laberinto, capaces de tomar aire de la superficie.
Esa misma habilidad es la que usa el macho para criar: traga bocanadas de aire y las escupe envueltas en saliva, formando burbujas resistentes que se van acumulando.
Poco a poco se forma una balsa de decenas de burbujas pegadas entre sí, casi siempre en una esquina de la pecera o alrededor de una hoja flotante.

Ese es el nido, la cuna donde irán a parar los huevos y donde el macho montará guardia.
Que un macho fabrique nido es excelente señal: indica que está sano, a gusto y en modo reproductor.
De hecho, muchos machos hacen nidos aunque no haya hembra cerca, solo por instinto y porque el ambiente les conviene.
Si tu macho no construye, casi siempre es por el entorno: agua fría, corriente excesiva o estrés.
Ajusta la temperatura, calma el filtro y dale escondites; en pocos días suele ponerse manos a la obra sin que tengas que forzar nada.
Si no hay nido: casi siempre es agua fría, corriente excesiva o estrés. Sube la temperatura, suaviza el filtro y añade escondites; en pocos días el macho suele ponerse a soplar burbujas.
El cortejo, el abrazo y la puesta
Con el nido listo, llega el momento de liberar a la hembra en el acuario de cría.
Los primeros minutos el macho se muestra intenso: nada a su alrededor, despliega las aletas y hasta la persigue un poco.
Un cortejo algo brusco es normal.
Vigila que ese acoso no pase a agresión seria.
Si el macho la maltrata de verdad o la hembra termina con las aletas destrozadas, hay que separarlos y volver a intentarlo otro día.
Por eso los escondites entre plantas son tan importantes en esta fase.
Cuando la hembra acepta, ocurre la escena estrella: el macho la envuelve con su cuerpo en lo que se conoce como el abrazo nupcial, justo debajo del nido.
En ese apretón la hembra suelta los huevos y el macho los fertiliza al instante.

Los huevos, blancos y diminutos, caen hacia el fondo.
Entonces el macho se lanza a recogerlos uno a uno con la boca y los va colocando con cuidado entre las burbujas.
La pareja repite el abrazo varias veces hasta vaciar por completo a la hembra.
Dato clave del acuario: tras el abrazo la hembra suele quedar aturdida unos segundos, como flotando. Es totalmente normal: se recupera enseguida. No la saques del agua pensando que le pasa algo; solo dale su espacio para que se reponga.
El macho, un padre entregado
Terminada la puesta, el papel de la hembra se acaba.
Ahora el macho la aparta del nido sin contemplaciones, porque en su instinto ella es una amenaza que podría comerse los huevos.

Este es el momento de retirarla del acuario de cría.
A partir de ahí, el macho se convierte en un guardián incansable.
Repara el nido con burbujas nuevas, devuelve a su sitio los huevos que se caen y ahuyenta cualquier peligro.
Pasa gran parte del día ventilando la puesta para que el agua circule y no se pudra.
Este cuidado tiene una función clara: los huevos corren riesgo de hongos e infecciones, y el macho retira los que no son fértiles antes de que contaminen al resto.
Su vigilancia constante es lo que dispara las probabilidades de que nazca una buena camada.
No todos los bettas crían igual.
Algunas especies salvajes, como el conocido macrostoma, ni siquiera hacen nido: incuban los huevos dentro de la boca del macho durante semanas, sin apenas comer, hasta que las crías salen ya formadas y nadando libres.
De los huevos a los alevines
La espera es corta. En condiciones cálidas los huevos eclosionan en uno o dos días.

Al principio no verás peces nadando, sino unas colitas colgando del nido con la cabeza hacia arriba: son los alevines recién nacidos, todavía indefensos.
Durante los dos o tres primeros días no necesitan comer nada.
Se alimentan de su saco vitelino, esa reserva que traen de fábrica.
El macho sigue de niñera: cuando alguno se cae del nido, lo atrapa con la boca y lo escupe de vuelta arriba.

Llega entonces el momento delicado.
En cuanto los alevines nadan en horizontal por su cuenta, ya sin depender del nido, hay que sacar al macho del acuario.
Si se queda más de la cuenta, su instinto puede jugar en contra y empezar a verlos como comida.
A partir de aquí el acuario de cría se convierte en una guardería llena de puntitos.
Son criaturas minúsculas y frágiles, así que cualquier manipulación debe ser suave y el agua tiene que mantenerse cálida y limpia sin movimientos bruscos.
Error común: destapar el acuario de los alevines. El órgano laberinto se forma en las primeras semanas y necesita aire cálido y húmedo justo sobre el agua. Una tapa que mantenga ese microclima evita que se malogre esa respiración tan característica del betta.
Alimentar a los alevines sin morir en el intento
Aquí está el verdadero reto de criar bettas.
Los alevines son tan pequeños que no pueden con el alimento normal: ni pienso en polvo ni artemia recién nacida les entra por la boca los primeros días.
Hay que empezar por algo aún más minúsculo.
Lo clásico son los infusorios, una sopa de microorganismos que se cultiva aparte con agua verde o restos vegetales.
También sirven las anguilas del vinagre o el micrograno especial para alevines.
La idea es que siempre haya comida flotando a su alcance.
Pasados unos días, cuando ya han crecido un poco, das el salto a los nauplios de artemia recién eclosionados.

Ese alimento vivo, que se prepara incubando huevos de artemia, es oro puro para ellos: los engorda rápido y les da un color y una vitalidad enormes.
Da de comer poco y muchas veces al día, y controla mucho la limpieza.
Los restos de comida ensucian el agua a toda velocidad en un tanque pequeño, así que conviene hacer cambios diarios muy suaves, con agua a la misma temperatura y añadida gota a gota para no estresarlos.
A medida que los machos crecen empiezan a marcar territorio entre ellos, igual que los adultos.
Llegado ese punto, muchos criadores los separan en recipientes individuales para que no se peleen, y ahí termina la crianza en común y empieza el engorde por separado.
Que no te desanime si en la primera camada pierdes ejemplares.
La mortalidad alta al principio es parte normal del aprendizaje, y hasta los criadores con experiencia asumen que no todos los alevines llegan a adultos.
Cada intento te enseña algo para el siguiente.
La secuencia del alimento: primero infusorios (o anguilas del vinagre) los primeros días y, cuando crecen un poco, artemia viva recién nacida. Siempre poco, muchas veces al día y con cambios de agua muy suaves.
Criar bettas es de esas experiencias que te reconcilian con la afición.
Empiezas con un macho soplando burbujas en una esquina y, unas semanas después, tienes un enjambre de peces diminutos que llevan tu cuidado dentro.
Tómatelo con paciencia y sin prisa por acertar a la primera.
Prepara bien la pareja, respeta la temperatura, deja que el macho haga su trabajo de padre y ten lista la comida diminuta antes de que nazcan.
Con eso tienes el noventa por ciento del éxito.
Y si algo sale torcido, no lo vivas como un fracaso.
La naturaleza del betta es sabia y agradecida: dale las condiciones justas y te devolverá, camada tras camada, uno de los procesos más fascinantes que puedes observar dentro de un acuario.
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