Cómo criar guppys paso a paso: de la hembra preñada a los alevines

un grupo de guppys machos adultos sanos y vigorosos, de colas amplias y colores vivos, nadando en un acuario plantado con agua cristalina y fondo verde desenfocado

Casi nadie se propone criar guppys: un día ves a tu hembra mucho más redonda de lo normal y, sin darte cuenta, ya estás metido de lleno en la aventura.

Si de golpe te encontraste una nube de puntitos nadando entre las plantas y no sabes qué hacer, respira: a casi todos nos pasó exactamente igual la primera vez.

Una sola hembra puede dar crías durante varios meses seguidos, así que no tienes ninguna prisa: tarde o temprano llegará tu primera camada sana.

Índice

Por qué el guppy es el mejor pez para empezar a criar

El guppy pertenece al grupo de los vivíparos: no pone huevos, sino que da a luz crías vivas que nacen nadando y buscando comida desde el primer minuto.

Esa independencia temprana es media batalla ganada. No necesitas incubar nada ni vigilar una puesta delicada; las crías salen listas para valerse.

A esa ventaja se suma una fertilidad enorme. No en vano se le conoce también como «pez millón».

Una hembra madura y bien alimentada puede parir entre 20 y 100 alevines en una sola camada, y repetir cada mes.

Multiplica eso por varios meses y entiendes por qué un acuario se llena tan rápido.

Hay un detalle que descoloca a mucha gente principiante: la hembra guarda el esperma del macho durante meses.

Con un solo apareamiento puede tener cuatro o cinco camadas seguidas, sin que el macho vuelva a intervenir.

Por eso una hembra que compraste «sola» en la tienda puede darte crías semanas después.

Si a todo esto le sumas que aguanta un rango amplio de parámetros y que es barato, tienes al candidato perfecto para aprender.

Equivocarte sale barato y se corrige rápido, y cada camada te enseña algo nuevo.

Dato clave: como la hembra guarda esperma del macho durante meses, un solo cruce le basta para darte cuatro o cinco camadas seguidas.

Cómo saber si tu hembra está preñada

Antes de preparar nada conviene estar seguro de que hay camada en camino.

Con los guppys hay dos señales que casi nunca fallan, y aprender a leerlas te ahorra montar acuarios de cría a lo tonto.

La mancha grávida

Justo detrás del vientre, cerca de la aleta anal, la hembra desarrolla una zona oscura que llamamos mancha grávida.

una hembra de guppy grávida vista de perfil, con el vientre redondeado y una mancha oscura visible cerca de la aleta anal, sobre un fondo de plantas acuáticas verdes y agua limpia

Al principio es un puntito tenue; a medida que avanza la gestación se agranda y se oscurece hasta verse casi negra.

En hembras de cuerpo claro es facilísima de detectar.

Cuando esa mancha está muy marcada y el vientre se ve abultado y con forma cuadrada, vista de perfil, el parto suele estar a pocos días.

una hembra de guppy de vientre abultado descansando entre hojas de plantas acuáticas en un rincón tranquilo del acuario, con agua clara y luz suave

Es tu mejor reloj: si aparece esa silueta, empieza a preparar el sitio para las crías.

Truco visual: vista de perfil, un vientre abultado y casi cuadrado es la señal más fiable de que el parto llega en pocos días.

El cambio de comportamiento

La hembra próxima a parir cambia su forma de moverse. Se esconde más, busca rincones tranquilos entre plantas y se vuelve más arisca con sus compañeras, sobre todo con otras hembras.

Ese instinto tiene sentido: está apartando de sus futuras crías a los peces más grandes, que son justamente los que se las comerían.

La gestación del guppy dura alrededor de 30 días, aunque la temperatura la acelera o la frena un poco.

Si tienes la fecha aproximada del cruce, cuenta ese mes y estarás cerca. Si no, guíate por la mancha y el vientre.

Consejo del acuarista: no muevas a la hembra a un frasco pequeño «por si acaso» con días de antelación. El estrés del cambio brusco es una de las causas más comunes de partos prematuros o abortos. Prepárale un espacio cómodo y trasládala solo cuando la veas realmente lista.

🛠️ Preparar el acuario de cría paso a paso

El día del parto es el momento más frágil de todo el proceso, tanto para la madre como para las crías.

Si hay demasiado estrés, una hembra puede incluso perder la vida durante el alumbramiento.

Prepararle bien el terreno reduce ese riesgo y salva a la mayor parte de la camada.

Lo ideal es un acuario de cría plantado y tranquilo, aunque sea pequeño, con el agua ya madura y estable.

un pequeño acuario de cría plantado y tranquilo, con agua cristalina, plantas verdes sanas y una iluminación cálida y estable, sin peces adultos grandes

No sirve un recipiente recién llenado: el agua debe estar ciclada, sin picos de amoníaco, y a una temperatura estable en torno a los 25 a 27 grados.

Un ambiente sereno hace que la hembra suelte a sus crías sin bloquearse.

Antes de trasladarla: asegúrate de que el agua está ciclada y estable entre 25 y 27 grados. Un recipiente recién llenado, con picos de amoníaco, pone en riesgo a toda la camada.

🌱 Plantas flotantes

Las plantas flotantes son tu mejor aliado. Especies como la lenteja de agua, la Salvinia o un buen manojo de musgo de Java crean una maraña donde los alevines se esconden nada más nacer.

una capa densa de plantas flotantes, como lenteja de agua y Salvinia, cubriendo la superficie del agua de un acuario, con raíces colgando y luz filtrándose entre ellas

Como las crías tienden a subir a la superficie en sus primeras horas, esa selva flotante las protege justo donde más lo necesitan.

Con suficiente vegetación densa, muchos criadores dejan que la hembra para directamente en el acuario comunitario y aun así sobrevive un buen número de alevines.

No todos, pero sí los suficientes para no complicarte. La naturaleza hace parte del trabajo por ti.

📦 La caja paridera

La caja paridera es ese compartimento plástico que separa a la madre de las crías: los alevines caen por unas ranuras a una zona segura donde ella no los alcanza.

una caja paridera de plástico transparente en reposo, colgada en el borde interior de un acuario limpio con agua cristalina y algo de musgo verde dentro

Bien usada, salva camadas enteras. Mal usada, se convierte en una cárcel estresante.

El error clásico es meter a la hembra demasiado pronto y tenerla días encerrada en un espacio minúsculo. Eso la angustia y puede provocar justo lo que quieres evitar.

Úsala solo cuando el parto sea inminente, y en cuanto termine de parir, devuelve a la madre a su acuario y deja a los pequeños creciendo tranquilos.

Truco de criador: si vas a usar caja paridera, elige un modelo amplio y con paredes lisas, nunca de rejilla apretada. Añádele dentro un poco de musgo o una planta flotante pequeña; el escondite reduce el estrés de la hembra y los alevines nacen sobre algo familiar en lugar de plástico desnudo.

El parto y los primeros días de los alevines

Cuando llega el momento, la hembra expulsa las crías de una en una, a veces con pausas de minutos entre ellas.

Un parto puede durar desde un par de horas hasta media jornada.

No la molestes ni enciendas y apagues luces: cuanto más tranquila, mejor sale todo.

Los alevines nacen ya formados y, en cuestión de segundos, buscan refugio hacia arriba o hacia el fondo. Es puro instinto de supervivencia.

varios alevines diminutos de guppy nadando entre matas de musgo de Java y plantas finas, en un acuario de cría con agua transparente

Aquí es donde las plantas flotantes marcan la diferencia entre una camada que prospera y otra que desaparece en una tarde.

Conviene saber que la hembra no tiene instinto maternal con sus crías. En cuanto para, para ella son comida como cualquier otra.

Por eso, si has usado paridera, hay que sacarla en cuanto termine; y si parió en el comunitario, retírala o confía en la vegetación para proteger a los pequeños.

Un dato curioso que a muchos les sorprende: la temperatura influye en el sexo de la camada.

Aguas más cálidas durante los primeros días de gestación tienden a producir más machos, y aguas más frescas, más hembras.

No es una regla exacta, pero los criadores la usan para inclinar la proporción según lo que buscan.

Señal a vigilar: si tu hembra lleva claramente varios días «lista», muy hinchada, y de pronto se queda quieta en el fondo, apartada y sin comer, obsérvala de cerca. Un parto que se atasca es peligroso para ella. Mantén el agua impecable y sin estrés; a veces solo necesita calma para destrabar el proceso.

Cómo alimentar y hacer crecer a los alevines

Un alevín de guppy come desde su primer día de vida y crece a la velocidad a la que lo alimentes.

Aquí no vale escatimar: las primeras semanas definen su tamaño adulto, su color y su salud.

La regla es sencilla: poco alimento pero muchas veces al día.

El mejor arranque son los nauplios de artemia recién eclosionados. Esas diminutas presas vivas disparan el crecimiento y realzan el color como ninguna otra cosa.

alevines de guppy pequeños alimentándose de diminutas partículas anaranjadas de artemia suspendidas en agua cristalina, con vegetación verde suave al fondo

Si no puedes con vivo, sirve el alimento en polvo para alevines o escamas de calidad bien trituradas hasta hacerlas polvo.

En un acuario de cría bien plantado y con algo de edad, además, se forman de manera natural microorganismos e infusorios entre las plantas.

Esa comida invisible es un extra perfecto para los primeros días, cuando la boca del alevín es tan pequeña que casi nada le entra.

No la ves, pero está ahí trabajando a tu favor.

Reparte de tres a cinco tomas pequeñas a lo largo del día.

Un vientre siempre lleno significa peces que ganan talla rápido; pero cuidado, el exceso de comida sin comer ensucia el agua enseguida y en un acuario de crías eso es peligroso.

Y ahí está la otra mitad del trabajo: el agua limpia es tan importante como la comida.

un acuario plantado impecable con agua totalmente cristalina, plantas verdes exuberantes y varios guppys sanos nadando relajados

Haz cambios de agua pequeños y frecuentes, siempre con agua a la misma temperatura, para diluir los desechos sin darles un susto térmico.

Alevines en agua limpia y bien nutridos crecen sanos y sin deformidades.

A medida que ganan tamaño, ve pasándolos a un acuario de engorde más grande.

un acuario de engorde amplio y luminoso con jóvenes guppys de distintos colores empezando a desarrollarse entre plantas verdes y agua muy limpia

El espacio también hace crecer: apretujados, se quedan pequeños; con sitio de sobra, desarrollan todo su potencial.

En pocas semanas ya distinguirás cuáles heredaron los mejores colores del padre.

La regla de oro del alevín: poco alimento pero muchas veces al día, entre tres y cinco tomas. La artemia viva recién nacida es el mejor arranque para disparar tamaño y color.

Selección

Aquí es donde criar guppys pasa de accidente a afición seria.

Si dejas que se crucen al azar, en pocas generaciones los colores se apagan y las formas se mezclan.

La reproducción selectiva es lo que mantiene una línea bonita y consistente.

La idea de fondo es elegir a conciencia a los padres.

Se cruza el mejor macho con una o dos hembras vírgenes, y esa virginidad importa muchísimo: como la hembra guarda esperma, solo si nunca se apareó tienes la certeza de quién es el padre real de la camada.

Para distinguir machos de hembras basta mirarlos un momento.

El macho es más pequeño, esbelto y colorido, con una aleta anal modificada en forma de varilla llamada gonopodio.

un guppy macho esbelto y muy colorido junto a una hembra más grande de tono apagado y vientre redondeado, ambos nadando cerca en un acuario plantado con agua clara

La hembra es más grande, de color apagado y vientre redondeado. La diferencia se nota desde jóvenes.

Fija un objetivo sencillo con cada cruce: intensificar un color, fijar un patrón, mejorar la forma de la cola.

Selecciona en cada generación a los ejemplares que más se acerquen a esa meta y descarta el resto para otros usos.

La paciencia es la verdadera herramienta del criador, y los resultados llegan camada tras camada.

un grupo de guppys de una línea seleccionada, de color azul intenso y uniforme y colas armoniosas, nadando en un acuario plantado de agua cristalina

Hay un límite que conviene respetar: cruzar siempre entre parientes muy cercanos, generación tras generación, termina debilitando la línea.

Aparecen crías más pequeñas, colas dobladas o camadas cada vez más flojas.

Para evitarlo, de vez en cuando conviene refrescar la sangre con un ejemplar nuevo de buena calidad que aporte vigor sin arruinar lo que llevas logrado.

Y no te obsesiones con quedarte con todo. Un buen criador es tan bueno eligiendo qué conservar como decidiendo qué soltar.

Reservar solo a los mejores y colocar el resto en el comunitario o regalarlos mantiene tu proyecto enfocado y tus acuarios sin sobrepoblar, que es otro enemigo silencioso del crecimiento sano.

Cruza con cabeza: usa siempre hembras vírgenes con el mejor macho y fija una sola meta por camada. Y refresca la sangre de vez en cuando: cruzar siempre entre parientes cercanos debilita la línea.

Criar guppys tiene esa magia de empezar casi sin querer y terminar enganchado.

Lo que arranca con una hembra redonda y una sorpresa de puntitos nadando se convierte, con un poco de método, en camadas sanas que puedes moldear a tu gusto.

No busques hacerlo perfecto a la primera.

Prepara un refugio de plantas, cuida el agua, alimenta poco y a menudo, y deja que cada camada te enseñe.

Verás cómo, sin darte cuenta, pasas de mirar cómo nacen a decidir cómo serán.

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