Cómo criar goldfish: reproducción de la carpa dorada paso a paso

Te acercas a la pecera una mañana cualquiera y ves motitas raras pegadas al vidrio o moviéndose entre las plantas: tu carpa dorada acaba de desovar.
Y aunque no te hubieras preparado para ello, no te agobies: no fue casualidad ni suerte, sino la señal de que tus peces se sienten a gusto.
Si esta primera puesta se te escapa entera, tranquilo: con la siguiente ya sabrás leer las señales a tiempo y ponerla a salvo.
Preparar la puesta
¿Está tu goldfish listo?
Antes de soñar con alevines conviene mirar la realidad: un goldfish no cría hasta que madura.
La mayoría alcanza la madurez sexual entre el primer y el segundo año de vida, cuando ya mide varios centímetros y ha dejado atrás la forma alargada de juvenil.
Forzar la cría con peces demasiado jóvenes no funciona y, además, estresa a la hembra sin motivo.
Igual que ocurre con otras especies, las puestas de ejemplares inmaduros suelen ser pobres y con muchos huevos sin fertilizar. Ten paciencia y deja que tus peces lleguen a su tamaño adulto.
El otro requisito es tener al menos un macho y una hembra, y lo ideal es contar con varios machos por hembra.
En un cardumen la proporción ayuda a que la fecundación sea completa, porque durante el desove más de un macho persigue y rocía la puesta a la vez.
Consejo: no tengas prisa. Un goldfish forzado antes de tiempo da puestas pobres; espera a que alcance su tamaño adulto y obtendrás muchos más huevos fértiles.
Ponlos a punto
Por último, la condición física. Unas semanas antes conviene alimentar bien y variado: alimento vivo o congelado, algo de verdura y buenos escamados.
Un pez bien nutrido reúne las reservas que la puesta le va a exigir. Recuerda que el goldfish es omnívoro con tendencia herbívora, así que la fibra vegetal no le sobra.

El disparador
Aquí está el secreto que hace única a la carpa dorada. El goldfish es un pez de agua fría, y su reproducción está programada por el ciclo de las estaciones.
En la naturaleza pasa el invierno con el agua muy fría y casi inactivo, y es la subida de temperatura de la primavera lo que le dice que ya es tiempo de desovar.
Para reproducirlos en casa conviene imitar ese ciclo. Se deja al pez pasar unas semanas con el agua bastante fría, en torno a los 10 a 14 grados.

Después se sube poco a poco, un par de grados al día, hasta situarla alrededor de 20 a 23 grados. Ese calentamiento gradual es la señal que dispara el celo.
No hace falta un termostato potente que caliente mucho; al contrario, aquí el frío previo es tan importante como el calor posterior.
Si tienes los peces en un estanque exterior, la propia naturaleza hace este trabajo por ti cada primavera, y por eso muchos criadores obtienen sus mejores puestas al aire libre.

Dato clave del agua: el goldfish no desova con calor constante todo el año. Necesita el contraste: un periodo frío que imite el invierno seguido de un ascenso suave de temperatura. Sin ese descenso previo, muchas parejas simplemente no responden.
Acompaña la subida de temperatura con cambios de agua algo más frecuentes y comida abundante.
En el medio natural, la primavera trae agua nueva de lluvia y mucho alimento; reproducir esas condiciones ayuda a convencer a tus peces de que ha llegado su momento.
La reproducción paso a paso 🐟
Con la pareja madura y el agua en su punto, empieza lo que de verdad importa.
Macho o hembra 🔎
Esta es la parte que más cuesta al principio, porque fuera de la temporada de cría son casi idénticos.
La carpa dorada no tiene colores de macho y hembra como otros peces; hay que fijarse en la forma del cuerpo y en unas señales que solo aparecen cuando el pez está listo para reproducirse.
La pista más fiable son los tubérculos nupciales: unos puntitos blancos, parecidos a granos de sal o de sémola, que le salen al macho sobre las branquias y en el borde delantero de las aletas pectorales cuando entra en celo.

Solo los machos los desarrollan, y muchos criadores novatos los confunden con la enfermedad del punto blanco.
La diferencia es clara si observas con calma. El ich forma puntos repartidos por todo el cuerpo y las aletas.
En cambio, los tubérculos de cría se concentran en los opérculos y en los primeros radios de las pectorales, y aparecen justo cuando sube la temperatura en primavera.
No lo confundas: los tubérculos nupciales del macho se agrupan en opérculos y pectorales, mientras que el punto blanco de la enfermedad se reparte por todo el cuerpo. Míralo con calma antes de tratar nada.
La hembra cargada de huevos se nota en el vientre: se pone más redonda y abultada, muchas veces de forma asimétrica, como si tuviera más barriga de un lado.
Vista desde arriba parece más ancha y pesada que el macho, que conserva un cuerpo más estilizado.

Ninguna señal por separado es infalible, así que combina las tres pistas: tubérculos en el macho, redondez en la hembra y, sobre todo, el comportamiento de persecución que verás cuando llegue el momento.
El cortejo y el desove 🐠
Cuando todo cuadra, el espectáculo es inconfundible. Los machos empiezan a perseguir a la hembra sin descanso.
La persiguen empujándola por los flancos y arrinconándola contra las plantas o las paredes de la pecera. Puede parecer agresivo, pero es el ritual normal de la especie.

Esa persecución tiene un fin: obligar a la hembra a soltar los huevos entre la vegetación.
El goldfish es lo que llamamos un desovador que riega los huevos; no busca un nido ni cuida la puesta, simplemente esparce cientos o miles de huevos que los machos van fecundando al instante mientras nadan detrás.
Los huevos son diminutos, translúcidos y muy pegajosos. Se adhieren a las hojas finas, a las raíces y a cualquier superficie blanda que encuentren.

Por eso el desove suele desatarse a primera hora de la mañana y puede durar varias horas, dejando la vegetación salpicada de puntitos.
Prepara el terreno: ofrece a tus peces plantas de hoja fina como la elodea o la cola de zorro, o una mopa de desove hecha con hilo de lana acrílica. Sobre esas superficies los huevos quedan bien repartidos y, sobre todo, tú puedes retirarlas enteras cuando termine la puesta.
La mopa de desove es un truco sencillo y muy útil. Es una maraña de hilos suaves que flota o se apoya en el fondo.
Esa maraña imita a la perfección la textura de las plantas y te permite sacar toda la puesta de golpe, sin arrancar la vegetación de raíz.

Los huevos 🥚
Aquí llega la primera decisión importante, y es separar los huevos de los adultos.
Los goldfish no tienen instinto parental: en cuanto acaba el desove empiezan a comerse su propia puesta, así que hay que actuar el mismo día.
O sacas a los padres del acuario, o retiras las plantas y mopas con los huevos a otro recipiente.
Un truco clásico entre criadores es preparar un recipiente aparte con agua del propio acuario. Sirve una cubeta limpia o incluso una tina de las de helado bien lavada.
Lo importante es que el agua sea la misma que ya conocían los huevos, a la misma temperatura, para no darles un cambio brusco.
En ese recipiente coloca un aireador con burbujeo muy suave. No quieres una corriente que zarandee los huevos, solo un movimiento ligero que mantenga el agua oxigenada y evite que se estanque.

Un burbujeo demasiado fuerte los mueve como locos y hace más mal que bien.
Con el paso de las horas verás dos tipos de huevos. Los fértiles se mantienen transparentes y poco a poco se les distingue el embrión dentro.
Los infértiles se vuelven blancos y opacos, y enseguida se les forma una pelusa de hongos.
Esos hay que irlos retirando con cuidado, porque el hongo salta con facilidad a los huevos sanos de al lado.
Señal a vigilar: un huevo blanco con pelusa algodonosa está muerto y contagia a sus vecinos. Sácalo cuanto antes con una pipeta o con la propia manguera de aire. Cuantos más huevos infértiles quites, más limpia se mantiene la puesta y menos hongo se extiende.
Según la temperatura, los huevos eclosionan en unos cuatro a siete días. Con el agua más cálida nacen antes; con agua fría tardan más.
Lo que sale no es todavía un pececito nadador, sino una larva que se queda pegada al vidrio o a las plantas, absorbiendo su saco vitelino durante un par de días antes de empezar a nadar libre.
Los alevines
Los alevines de goldfish recién nadadores tienen un aspecto que sorprende: son oscuros, casi negros o bronce, nada que ver con el naranja de sus padres.
Es un camuflaje natural, y el color definitivo tarda semanas o incluso meses en aparecer.

No te asustes si tus crías parecen renacuajos: es lo normal.
El gran reto es la comida, porque la boca del alevín es minúscula.
Los primeros días solo les caben microorganismos, los llamados infusorios o paramecios, que puedes cultivar en casa o sustituir por alimento comercial en polvo muy fino pensado para crías.
Si no consigues comida especial, un buen apaño es moler escamas con un mortero hasta dejarlas hechas polvo.
Pasada la primera semana ya aceptan bocados algo mayores, y el favorito de casi todos los criadores son los nauplios de artemia recién eclosionados.
Ese alimento vivo dispara el crecimiento y hace que los alevines engorden rápido y con buena forma.
Dato útil: reparte la comida en cuatro o cinco tomas pequeñas al día. Poca cantidad y muchas veces hace crecer a los alevines sin que la comida sobrante ensucie el agua.
El secreto de la alimentación está en el ritmo: poca cantidad, pero muchas veces al día. Lo ideal son cuatro o cinco tomas pequeñas repartidas en la jornada.
No puedes darles todo de una vez, porque no se lo comen y esa comida se pudre en el fondo, ensuciando el agua y matando alevines.
Y ahí está el otro pilar: el agua siempre limpia. Con tanta comida, los restos se acumulan enseguida.
Toca hacer cambios de agua parciales y frecuentes, siempre con agua a la misma temperatura para no dar sustos.
Un truco cómodo es sumar unos caracoles o unos camarones al recipiente de cría, que ayudan a limpiar el fondo y te dan un respiro.
Para el criadero no necesitas gran cosa: sirve un acuario pequeño, de unos diez litros, con un filtro de esponja ya maduro que no aspire a las crías, algún escondite y un poco de musgo.

Ese musgo, además de refugio, cría microorganismos que los alevines aprovechan para picar entre horas.
Ten presente que un goldfish adulto es grande y necesita mucho espacio, así que a medida que crecen habrá que ir aclarando la camada.
Cuando alcancen alrededor del centímetro y sean ya veinte o veinticinco peces, se les queda corto el recipiente y toca pasarlos a un tanque mayor o repartirlos.
Criar carpas doradas es, en el fondo, un ejercicio de observación y paciencia. No hay que forzar nada: cuando el agua está bien, la comida es buena y llega la primavera, los peces hacen su parte casi solos. Tu trabajo es leer las señales y llegar a tiempo para poner los huevos a salvo.
Cada camada te enseña algo. Quizá la primera se te escape entera, y no pasa nada; con la siguiente ya sabrás reconocer los tubérculos, calcular el frío del invierno y tener lista la mopa de desove. Poco a poco, ver crecer a esos alevines oscuros hasta que se visten de naranja se convierte en una de las mayores satisfacciones del acuarismo.
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