Cómo criar peces escalares (ángel) en casa: puesta, huevos y alevines

una pareja de peces escalares plateados con franjas oscuras nadando juntos muy cerca uno del otro, junto a una hoja ancha y verde de Anubias dentro de un acuario plantado de agua cristalina, colores vivos y realistas

Te asomas a la pecera una mañana cualquiera y descubres un puñado de bolitas translúcidas pegadas a una hoja: tus escalares acaban de desovar.

Y de repente te asalta la misma pregunta que se hace todo el mundo la primera vez —¿y ahora qué hago con esto?—, así que respira hondo.

Que la primera puesta no salga es de lo más normal: a muchos criadores les tomó varios intentos y hasta meses lograr la suya.

Índice

Preparación

Formar la pareja

Los escalares, o peces ángel, forman pareja por su cuenta.

No los emparejas tú: eliges un grupo de seis a ocho ejemplares jóvenes, los crías juntos y, con el tiempo, ellos se eligen entre sí.

Cuando dos empiezan a defender una esquina y a espantar a todo el que se acerca, ya tienes pareja formada.

No te confíes por el tamaño: los escalares pueden desovar bastante jóvenes, a veces cuando todavía los ves pequeños. Si los parámetros están bien y el ambiente los relaja, la naturaleza hace lo suyo antes de lo que esperas.

Macho o hembra

Distinguir macho de hembra en un escalar no es evidente a simple vista, sobre todo si son jóvenes.

El truco está en el gonópodio, esa papila que asoma entre las aletas ventrales justo antes de la puesta.

En la hembra se ve como un granito corto y grueso; en el macho, más fino y puntiagudo, como la punta de un alfiler.

un pez escalar adulto en primer plano de perfil, con sus largas aletas ventrales y dorsales bien extendidas, escamas nítidas y detalladas, sobre un fondo suave de acuario plantado desenfocado

Qué dispara el desove

Hablando de ambiente, hay dos disparadores que rara vez fallan.

El primero es el agua estable y limpia, con buenos parámetros mantenidos en el tiempo.

El segundo, curiosamente, es la temperatura: un ligero aumento del calor suele animar el desove.

No es raro que una puesta llegue justo en época de calor, con el acuario rondando los 28 a 30 grados.

un acuario alto y bien plantado con varios peces escalares nadando entre plantas verdes de tallo, agua perfectamente cristalina y luz suave que atraviesa el agua

Señal a vigilar: cuando una pareja empieza a «limpiar» con la boca una hoja, un trozo de tronco o el cristal, están preparando la superficie de puesta. Es el aviso de que el desove viene en camino, a veces cuestión de horas.

🥚 La puesta y los huevos

🐟 Dónde pegan los huevos

El escalar busca una superficie vertical y lisa para pegar sus huevos.

Le encantan las hojas anchas y firmes, tipo Anubias, pero también usan un trozo de tronco, una rama, un tubo de PVC o incluso el propio vidrio del acuario si no hay nada mejor a mano.

una pareja de escalares situada muy cerca de una hoja ancha y vertical y de un pequeño cono de puesta de cerámica, en un acuario limpio con plantas verdes al fondo y agua transparente

🌿 ¿Separar la puesta?

Ahí es donde tienes que tomar tu primera decisión importante: ¿dejas la puesta con los padres o la separas?

Y no hay una única respuesta correcta. Depende de qué tan experimentada sea tu pareja y de qué quieras conseguir tú.

La opción natural es dejar que los padres lo intenten.

Los escalares que cuidan bien vigilan los huevos, los abanican con las aletas para oxigenarlos, retiran los que se echan a perder y luego custodian a los alevines.

una pareja de escalares custodiando de cerca una superficie de puesta en una hoja verde, ambos peces atentos y protectores, acuario plantado sano de agua clara

Ver eso es una de las cosas más bonitas del hobby.

El problema es que no todas las parejas son buenas madres. Muchas, sobre todo las primerizas, se comen su propia puesta.

A veces por estrés, a veces porque los huevos no quedaron bien fecundados, a veces porque simplemente no saben todavía qué hacer.

Es normal y no significa que tus peces estén rotos.

Antes de separar la puesta: dale a la pareja al menos dos o tres oportunidades de criar por su cuenta. Ese instinto parental se afina con la práctica, y quitarles siempre los huevos les impide aprender. Si tras varios intentos siguen comiéndoselos, entonces sí tiene sentido incubar aparte.

💧 Montar el recipiente

Si decides separar la puesta, la clave es estresar lo menos posible los huevos y reproducir las condiciones del acuario de origen.

La idea no es «un acuario nuevo», sino un recipiente pequeño con el agua de siempre.

No necesitas gran cosa. Sirve una pecera pequeña o un recipiente limpio de unos pocos litros.

Lo importante es no llenarlo hasta arriba: con cuatro a seis litros basta y sobra para una puesta.

Menos agua es más fácil de controlar y de mantener a temperatura.

Y aquí va lo más importante de todo: usa agua del acuario de los padres, no agua nueva de la llave.

Vas pasando litro a litro del tanque original al recipiente.

un pequeño recipiente de cría de vidrio con pocos litros de agua limpia, una hoja verde apoyada en el fondo y finas burbujas de aire subiendo, colocado junto a un acuario plantado cristalino

Así el agua ya está ciclada, madura y con los mismos parámetros que conocen los huevos.

Para trasladar la puesta, si está en una hoja, corta la hoja con cuidado por el tallo sin tocar los huevos con los dedos.

Muévela siempre sumergida, apoyándote de un recipiente pequeño, y colócala en la nueva pecera.

Como la hoja tiende a flotar, ponle encima una piedra pequeña para fijarla en posición.

una hoja verde ancha fijada en el fondo por una piedra lisa dentro de un recipiente de cría con agua transparente, pequeñas burbujas alrededor y fondo neutro

Iguala la temperatura antes de sumergir los huevos. El agua que trasladaste ya viene del acuario original, así que suele estar pareja, pero conviene comprobarlo. Un cambio brusco de temperatura arruina la puesta en minutos.

🌡️ Aireación y calor

Los huevos no tienen a los padres abanicándolos, así que el movimiento del agua lo pones tú.

Se hace con una bomba de aire y una manguera, regulada a un flujo muy suave.

No quieres un remolino que zarandee los huevos; quieres apenas una corriente que renueve el agua a su alrededor.

La temperatura ideal ronda los 26 a 28 grados.

Si el recipiente está a temperatura ambiente y hace fresco, mete un termostato pequeño y súbela poco a poco hasta ese rango.

El calor acelera el desarrollo del embrión y mejora las probabilidades de eclosión.

El azul de metileno: este producto tiñe el agua de azul y protege la puesta de los hongos, que son el enemigo número uno de los huevos separados. La referencia habitual es una gota por cada dos litros de agua. Con seis litros, unas tres gotas cumplen. Sirve solo para prevenir hongos, nada más.

🔎 Del huevo a la larva

Con los huevos ya instalados, aireados y protegidos, empieza la parte de observar y aprender a leer la puesta.

Los huevos te van contando cómo va todo con su color, si sabes qué mirar.

Los huevos fecundados se ven translúcidos, con un tono ámbar o ligeramente dorado, y ese es buen indicio.

Los que no fueron fecundados se ponen blancos y opacos, y enseguida les salen filamentos de hongo.

Esos hay que ir retirándolos, con cuidado, para que no contaminen a los sanos.

El calendario, si todo va bien, es bastante fiable.

Alrededor de las 48 horas se produce la eclosión: de cada huevo sale una larva diminuta que todavía no nada, sino que queda colgando de la hoja moviendo la colita.

Es completamente normal, no te asustes.

En esa fase la larva vive de su saco vitelino, una reserva de alimento pegada a su cuerpo.

No come nada del exterior todavía. Simplemente cuelga, se sacude y va reabsorbiendo esa despensa que trae de fábrica.

Hacia el quinto día llega el nado libre: los alevines se despegan de la hoja y empiezan a desplazarse por el agua en pequeño grupo.

un pequeño grupo de alevines de escalar nadando libres y dispersos en agua cristalina dentro de un acuario de cría sencillo con una planta verde al fondo

Ese es el momento clave, porque han agotado el saco vitelino y ahora sí necesitan que tú les des de comer.

A partir de aquí todo depende de la alimentación.

Los alevines

Alimentar a los alevines

Este es el punto donde se juega la cría.

Los alevines de escalar recién nadadores tienen una boca minúscula, y la mayoría de las cosas que sirven para un pez adulto no les caben.

El alimento tiene que ser proporcional a esa boca.

Para los primeros días, lo ideal son los infusorios o paramecios, que son microorganismos vivos tan pequeños que sí entran en su boca.

Se pueden cultivar en casa con algo de práctica, aunque no siempre sale a la primera.

Otra opción son los alimentos comerciales especiales para alevines, micronizados hasta quedar casi polvo.

Si no consigues ninguno de esos, hay un apaño clásico: coge escamas de buena calidad y muélelas en un mortero hasta dejarlas hechas polvo finísimo.

No es lo óptimo, pero saca del apuro los primeros días mientras crecen lo suficiente para aceptar alimento más grande.

El secreto de la alimentación no está tanto en el qué como en el cómo: poco y muchas veces.

Un alevín necesita comer con frecuencia, pero cantidades minúsculas.

Cinco pizcas repartidas a lo largo del día es mucho mejor que una ración grande de golpe.

Cuidado con sobrealimentar: si les echas demasiada comida de una vez, no se la acaban, se va al fondo, se pudre y te ensucia el agua a toda velocidad. En un recipiente pequeño, una sobrealimentación puede matar a toda la camada en un día.

Un último apunte práctico sobre las tomas: da siempre el alimento con la luz encendida, cuando los alevines están activos y buscando comida.

Si se lo echas a oscuras, mucho se pierde en el fondo sin que lleguen a probarlo.

Y ojo con las rutinas de ayuno: a un pez adulto un día de descanso no le hace daño, pero a los alevines aliméntalos siempre, todos los días sin saltarte ninguno.

Mantener limpia el agua

Con tantas comidas al día, el agua se ensucia rápido.

Los restos de alimento y los desechos de los alevines se acumulan, y en un volumen tan pequeño eso se descontrola en nada.

Por eso el mantenimiento aquí es más frecuente que en un acuario normal.

La herramienta principal son los cambios de agua suaves, de alrededor del 50%.

Y hazlos fácil: sacas agua del recipiente de cría y la repones con agua del acuario grande, que ya está madura y a la misma temperatura.

Así no sometes a los alevines a ningún cambio de parámetros.

El filtro de esponja es un aliado que te ahorra trabajo: filtra sin succionar a los alevines, cosa que un filtro normal sí haría. Si tienes por costumbre dejar siempre una esponja madura funcionando en algún acuario, tendrás filtración lista y ciclada el día que necesites montar la cría de urgencia.

Otro truco que da mucho resultado es sumar caracoles o camarones al recipiente.

Estos limpiadores se comen los restos que caen al fondo y te ayudan a mantener el sustrato limpio entre cambios de agua.

un filtro de esponja funcionando en la esquina de un acuario de cría plantado, con finas burbujas subiendo, agua transparente y pequeños alevines de escalar nadando cerca

Es una forma de despegarte un poco sin descuidar la higiene.

Cuando los alevines lleguen a alrededor de un centímetro y sean unos cuantos, el recipiente pequeño se les queda chico.

Ahí toca pasarlos a un acuario mayor, bien plantado y con escondites, donde seguirán creciendo con más espacio y mejor calidad de agua.

Al final, criar escalares es sobre todo un ejercicio de paciencia y observación.

Vas a fallar puestas, vas a ver huevos blanquearse y vas a perder alguna camada por el camino. Le pasa a todo el mundo, incluso a quien lleva años en esto.

Pero el día que veas por primera vez a esos puntitos nadando libres, sabiendo que salieron adelante gracias a tu cuidado, entenderás por qué tanta gente se engancha a reproducir peces.

No es un experimento que sale o no sale: es un aprendizaje que mejora con cada intento.

Así que si tus escalares acaban de desovar, respira, disfruta el proceso y no te adelantes.

Ve paso a paso, dales a tus peces la oportunidad de enseñarte, y deja que la naturaleza haga la mayor parte del trabajo. Tú solo tienes que acompañarla.

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