Cómo criar cíclidos africanos del Malawi: la incubación bucal paso a paso

Ves a una de tus hembras del Malawi con la garganta hinchada y la boca que no cierra del todo, y te asustas pensando que ha enfermado.
Respira, porque no le pasa nada malo: está llevando a sus crías dentro de la boca y aguantará así, sin comer, hasta que estén listas.
Son peces que crían casi solos, así que no necesitas hacer casi nada: basta con darles calma y dejar que la naturaleza siga su curso.
Prepara la cría
Conoce a los tres grupos
Bajo la etiqueta de «cíclidos africanos del Malawi» conviven grupos muy distintos, y confundirlos es el primer tropiezo de quien empieza.
Diferenciarlos no es capricho: cambia su carácter, su dieta y, sobre todo, cómo y dónde van a criar.
Los mbuna son los rascadores de roca. Miden entre 8 y 12 centímetros y pasan el día raspando las algas adheridas a las piedras.
Lucen colores intensos: azules eléctricos, amarillos limón, rayados oscuros. Son territoriales y temperamentales, así que necesitan escondrijos de sobra.

Los utaka, entre los que están los populares aulonocara o «pavos reales», son algo mayores, de 10 a 18 centímetros, y viven en zonas de arena y agua abierta.
Nadan sin parar, escarban el fondo buscando microorganismos y tienen la boca inclinada hacia arriba para atrapar plancton en la columna de agua.

El tercer grupo, los aplocromis, son los grandotes: llegan a 30 o 35 centímetros y son depredadores que cazan crías de otros peces.
Aquí entran las conocidas frontosas o el delfín del Malawi. Piden acuarios enormes, así que para criar en casa nos centraremos en los dos primeros grupos.
Mejor un acuario monoespecífico
La tentación de meter «una ensalada de colores» juntando mbuna amarillos, azules y rayados es enorme, pero rara vez sale bien a medio plazo.
Cada especie evolucionó en su rincón del lago sin cruzarse con las demás, y mezclarlas enturbia su comportamiento natural.
Cuando mantienes un solo grupo bien elegido, disfrutas de verdad de sus cortejos, sus jerarquías y esa inteligencia que a veces parece exagerada. Para criar con éxito, esa claridad social lo es casi todo.
No es un capricho de purista. Estos peces llevan millones de años en el lago y arrastran una memoria genética muy marcada.
Reconocen a los suyos, siguen unos rituales concretos y se comportan distinto según con quién conviven. Cuanto más fiel seas a ese guion, más natural será todo, incluida la cría.
Consejo: elige un solo grupo bien avenido en lugar de mezclar colores al azar. Verás cortejos y jerarquías mucho más naturales, y criarás con menos sustos.
El biotopo rocoso
Un cíclido del Malawi cría cuando se siente seguro, y la seguridad se la das con el paisaje.
Montar un buen biotopo no es tirar cuatro rocas: es recrear con gusto el ambiente rocoso donde estos peces llevan viviendo una eternidad.
La base de todo es la roca. Usa piedra ígnea o metamórfica, apilada hasta unos dos tercios de la altura, dejando muchas oquedades y cuevas entre bloques.

Para los mbuna elige rocas lisas y sin aristas, porque van a rascarlas con la boca a todas horas y las aristas los lastiman.
Un truco de montaje que evita sustos: coloca una plataforma de plástico apta para alimentación en el fondo y asienta las rocas sobre ella antes de echar la arena.
Estos peces escarban sin descanso, y si la roca se apoya solo en la arena, tarde o temprano provocan un derrumbe.
La arena debe ser fina, de sílice, con una granulometría de entre 0,5 y 0,8 milímetros.

Para los mbuna basta una capa modesta; para los utaka conviene un buen grosor, porque escarban la terraza buscando comida y el macho cava allí su nido de cortejo.
Antes de montar: dedica tiempo a fijar bien las rocas sobre una base estable antes de meter agua y peces. Un derrumbe con el acuario lleno puede romper el cristal y arruinar meses de trabajo en un segundo.
En cuanto al tamaño, no te quedes corto. Un acuario de mbuna arranca en 200 litros, pero los utaka piden 300 litros o más porque necesitan largo para nadar.
La filtración debe mover entre 8 y 10 veces el volumen del acuario por hora, ya que los fabricantes miden el caudal en vacío y tu filtro irá cargado de material y suciedad.
Entre un acuario alto y uno largo, quédate siempre con el largo. Estos peces son muy rápidos y nerviosos, viven cerca de la costa del lago y aprovechan cada centímetro de recorrido para nadar, cortejar y marcar territorio.
La altura les sirve de poco; la superficie y el largo, de mucho.
Cuida también la oxigenación. Una buena bomba de movimiento mantiene el agua bien aireada y ayuda a repartir el calor de forma pareja, algo que estas especies agradecen.
Sumada a una filtración generosa, es lo que sostiene el equilibrio estable que tanto favorece las puestas.
Los parámetros del agua
El lago Malawi es agua dura y alcalina, y ahí es donde estos peces se reproducen.
Apunta a un pH de entre 8 y 8,5, una dureza general (GH) alta, en torno a 18 o 19, y un KH de 7,5 a 8.
Si vives en una zona de agua muy dura, quizá ni necesites roca calcárea: el grifo ya te da esos valores.
La temperatura ideal ronda los 24 a 26 grados. Y aquí va la clave que muchos ignoran: imitar la estacionalidad dispara la cría.
Mantenlos algo más frescos en invierno, sobre 23 o 24 grados, y sube poco a poco el termostato al llegar la primavera. Ese pequeño calentón es el pistoletazo de salida de las puestas.
Dato útil: si tu agua del grifo ya sale dura y alcalina, quizá no necesites roca calcárea ni sales. Comprueba el pH y la dureza antes de comprar nada para corregirla.
La incubación bucal paso a paso 🐟
Antes de la boca llena de alevines viene la danza, y no todos la bailan igual.
El cortejo, ritual por grupo 🐠
Conocer el ritual de tu especie te ayuda a saber si vas por buen camino o si falta algo en el montaje.
Los mbuna cortejan dentro de la cueva.
El macho alfa reclama una oquedad, la vacía de arena a bocados y desde ahí defiende su territorio, «pintando» cada vez más fuerte sus colores para imponerse.

Cuando una hembra entra, el cortejo ocurre puertas adentro, escondido de tu vista.
Los utaka lo hacen a plena luz, sobre la arena.
El macho excava un pequeño cráter y da vueltas alrededor de la hembra, que se coloca en el centro.

Ella suelta los huevos, él los fecunda, y en cuestión de segundos esos huevos acaban en la boca de la madre.
El ratio importa tanto como el escenario. Lo habitual es un macho con cuatro o cinco hembras, pero mantener dos o tres machos con suficientes escondrijos tiene una ventaja.
El alfa reparte su agresividad y deja respirar a las hembras, que si no acaban agotadas por el acoso.
La boca llena de crías 🥚
Aquí está el corazón de todo. Casi todas las especies del Malawi son incubadoras bucales, una estrategia que evolucionó por la brutal competencia del lago.
Proteger a las crías dentro de la boca es la forma más segura de sacarlas adelante en un sitio lleno de bocas hambrientas.
El proceso arranca justo tras la puesta. La hembra recoge los huevos fecundados y los aloja en su cavidad bucal, donde quedan oxigenados y a salvo.
A partir de ahí verás su garganta abultada y su boca entreabierta, sin llegar a cerrar del todo.

Durante unos 18 a 22 días, esa madre no come nada. Vive escondida entre las rocas, aguantando el estrés y adelgazando visiblemente.

Todo su cuerpo trabaja para que los huevos se conviertan en larvas y las larvas en alevines completamente formados.
Si el acuario es estable, maduro y tiene rincones donde refugiarse, lo normal es que la hembra complete la incubación sin dramas y termine liberando a sus crías por su cuenta.
En un tanque estresante y sin escondrijos, el riesgo es que la pierdas o que se trague la nidada.
Señal a vigilar: una hembra que se esconde, deja de comer y adelgaza no está enferma, está incubando. Resístete a molestarla: cuanto más tranquila la dejes, más probable es que lleve la nidada a término.
¿Desembuchar o esperar? 🥚
Llegado el día, tienes dos caminos, y ninguno es «el correcto» para todos los casos. Depende de cuántos alevines quieras salvar y de lo estable que sea tu acuario.
La vía natural es no tocar nada. En un biotopo con muchas oquedades, la hembra cría a sus alevines en la roca y ellos van saliendo solos poco a poco.

Sobrevivirán menos, pero es una selección natural que apenas te da trabajo y respeta el ritmo del pez.
La vía intervencionista es desembuchar: capturar con paciencia a la hembra, abrirle la boca con cuidado usando un palito fino y dejar que suelte los alevines, que ella misma va soltando cuando ve que no puede retenerlos.
Luego crías esa nidada aparte, en una paridera, donde tendrás muchas más crías vivas.
Desembuchar libera antes a la madre para que vuelva a comer y recuperarse, algo que agradece tras semanas de ayuno.
No es difícil, pero requiere maña: la primera vez rara vez sale redonda, así que ve con calma y con la mano siempre mojada al manipularla.
Consejo: si te decides a desembuchar, hazlo siempre con la mano mojada y sin prisa. La primera vez rara vez sale redonda, así que ve con cuidado para no dañar a la hembra.
Los alevines
La buena noticia es que estos alevines son de los más autónomos que vas a encontrar.
Desde que nacen buscan comida por su cuenta, picoteando entre las rocas y aprovechando lo que trituran los adultos, sin depender de la madre como sí hacen, por ejemplo, los discos.

En los utaka la sorpresa es doble: nacen ya con algo de color, así que su librea definitiva tarda mucho menos en aparecer que en los mbuna.
Para alimentarlos sirve comida comercial molida muy fina, y a partir de ahí van tirando prácticamente solos.
Lo que sí conviene es un acuario maduro y estable, con cambios de agua regulares y parámetros firmes.
En ese entorno, las oquedades de la roca hacen de guardería natural y cada tanda de alevines encuentra dónde esconderse mientras crece sin que tengas que intervenir apenas.
Con los adultos, en cambio, vigila la dieta de cerca. Los mbuna son herbívoros: necesitan comida con alto contenido de proteína vegetal, algo de espirulina y las algas que tú mismo dejarás crecer manteniendo una luz de unos 4500 a 5000 kelvin.

El exceso de proteína animal es su gran enemigo.
Error común: atiborrar a los mbuna herbívoros con comida rica en proteína animal suele acabar en «bloat», una hinchazón digestiva de origen bacteriano difícil de curar. Con estos peces, menos es más.
Ese desajuste alimentario desemboca en el bloat, una infección bacteriana del sistema digestivo que hincha al pez, le quita el apetito y resulta muy difícil de revertir.
Prevenir con una dieta vegetal es infinitamente más fácil que curar.
Criar cíclidos del Malawi no va de trucos ni de productos caros: va de darles un lago en miniatura donde se sientan tan seguros como para confiarte a sus crías. Cuando la roca, el agua y la compañía encajan, ellos hacen el resto.
Así que tómatelo con calma, observa mucho y deja que esa hembra de garganta hinchada te enseñe una de las historias más bonitas que suceden en un acuario. Pocas aficiones te devuelven tanto por tan poco.
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